Santa Ana de Glew

 He aquí, Señor, un pequeño pueblo, dormido al sol... (Alberto Franco)
Al releer esta frase me sumergí en mis recuerdos de viaje y una a una las imágenes iban poblando de luz, de candidez mi espacio. Asombro no faltó, y el deseo de volver mil veces se instaló en mi.

  Supongo que algo parecido y mucho más sublime le habrá sucedido a Raúl Soldi cuando decidió pintar los frescos de la Capilla de Santa Ana.
Antes, Glew, era un lugar muy tranquilo y ahora también. Y no queda por la loma del diablo como decían ellos, entre amigos. Tal vez desconocido, Glew queda al sur, a pocos kilómetros de Adrogué, pasando Burzaco y Longchamps.

Paisajes de mil colores cubren el lugar: antiguos portones y verjas, aljibes, puertas de casas que invitan a pasar no sin antes saber un poquito más de su historia colonial quizás. Molinos, sulkis, calles de tierra, cardos y otras flores silvestres, sol.
Calles de asfalto con veredas de ladrillo colorado y árboles añosos que tienden sus ramas al cielo como acariciándolo...
  La paz se huele en cada rincón, la siesta es cerrada, ni un ruido. El cielo infinito. Su gente camina distraída casi como ignorando que allí atesoran un relicario pictórico.
Te invitan a la parroquia como a sus casas, sólo demostrando el afecto sencillo que por ello sienten y compartiendo la alegría de estar allí, juntos en ese instante que parece eterno.
Glew no parece extenso pero tiene varios caminos por recorrer, curvas y contra curvas, que te pierden en sus senderos. El patio de las casas conserva el aroma de las buenas cosas, el mate, las tortas fritas, una charla de vecinos. Los caballos son una estampa en el lugar, pastando desinteresados o llevando a su dueño gaucho hacia algún compromiso, invitan a recordar las vivencias criollas. Vivencias que para ellos no son más que presente y porvenir. Muchas de las calles de Glew llevan nombre de poetas como Byron, Obligado, Ascazubi, Almafuerte!.
  La iglesia se inauguró en 1905, año en el que también nació Soldi. El pueblo se llamaba entonces Cambaceres. El nombre de Glew viene con los años, con el ferrocarril... Se cree que un hombre llamado Glew cedió terrenos para la estación y con ello se ganó el derecho a darle nombre, para luego darle nombre al pueblo también.
 

La Capitalla Santa Ana es de paredes simples y prolijas, de ladrillo rojo. Sus muros interiores esperaban ...vacíos. Y cuentan que en ese entonces el párroco perteneciente a la orden de los padres franciscanos, Jerónimo Kardec, se entusiasmó tanto como el mismo Soldi ante la posibilidad de dar color y magia a esos muros.
En el mismo predio de la iglesia, en la granja de la parroquia, cerca del jardín de infantes, había un pozo de cal que se había apagado dos años antes.
El tiempo justo para la preparación de un fresco.
  Con la autorización de la curia de La Plata y la ayuda de Jerónimo el trabajo comenzó. De diciembre a marzo durante muchos veranos tomó forma el proyecto original que sólo se vió culminado con las quince estaciones del Vía Crucis en cerámica. El 13 de enero de 1953 pusieron manos a la obra. Jerónimo picaba las paredes y Soldi pintaba sobre ellas extendiendo la mezcla (tres partes de arena fina bien seca y una de cal bien fraguada). Los murales ilustran la vida de Santa Ana según los textos sagrados pero teniendo como escenario al pueblo de Glew. Es maravilloso!
  Cada sector de trabajo terminado era una docena de huevos de gallina como paga y como parte del "estipendio" una gallina.
  La iglesia mide aún hoy 23 metros de largo por 8 de ancho, es un severo y austero rectángulo. Y está rodeada por un hermoso jardín de rosas de distintos colores. Sus altos muros no tienen ventanas. La iluminación se logra por medio de 6 claraboyas en forma de media naranja, con cristales azules y blancos, ubicados encima de la cornisa. Con una única nave, en su interior muestra arcos de cinco metros por tres, limitados por pilastras. Estos cuadros vacíos guardan hoy los frescos que tanto trabajo costó realizar y que se completaron durante la presencia del padre Julián Gómez.
  Soldi plasmó la vida de la esposa de San Joaquín y de su hija, María como si ellas hubiesen vivido en Glew, junto a los vecinos, en sus chacras, con la compañía de sus molinos y el perfume de las flores del lugar. Rosas, azules, pálidos verdes, se entrelazan entre historias y cosas cotidianas, entre ángeles que cantan sus glorias a Santa Ana.
  Su fachada de reminiscencia neoclásica, con rosetón de cristales policromados y campanario te invita a presenciar un milagro de color y formas pertenecientes a otra realidad.
La del ayer... que late en cada fresco, estremeciéndote de gozo al descubrir allí un pedacito de la historia que te contaron una vez y de la que sos protagonista en el mismo momento en que, ya en su interior, miras hacia el muro.

Estas son algunas de las imágenes que pintó Raúl Soldi dentro de la Capilla:
Esponsales de María y José - Raúl Soldi
La glorificación de Santa Ana - Raúl Soldi
Santa Ana de los Cardos - Raúl Soldi
Fuente:
. Los murales de Soldi en Santa Ana de Glew. Edición exclusiva para la Liga Argentina de Lucha contra el Cáncer (Lalcec).
. Datos aportados por la población de Glew .
. Vivencias del equipo de Descanso Natural.com




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